CABRONAZO

Mi hija Sara  por fin se  ha dormido,  pero con el ruido de los tacones de la vecina de arriba y la música  a todo volumen se va a  despertar. Y cómo  la  despierte  juro por mi  difunta madre que  se la voy a liar.  Cada noche sobre las doce,  le da por bailar  y a ritmo de salsa tiende las sábanas y  como son enormes cuelgan en mi balcón. Cuando se desploman sus sábanas llenas de dibujos de tigres, leonas,  y demás animales sin civilizar,  mi hija  se desvela  y vuelta a empezar.

Salgo del dormitorio de Sara y  ya empieza el carnaval : salsa, taconazo, salsa, taconazo  y zas, zas,  otra vez las sábanas en mi balcón. Esos tigres amarillos me  miran como amenazándome .  La va a despertar, la va a despertar, esa sanguijuela la va a despertar. Noto un sudor frio y de repente sonrió, corro a la cocina,  cojo  el bote de kechup y  pinto los  tigres y todos los animales salvajes de rojo chillón, los tigres se desangran y yo me relamo de satisfacción.

Sara tiene ahora siete años y antes de cortarle el cordón umbilical ya le diagnosticaron trastorno del sueño. Cuándo  aún vivía con mi ex marido nos turnábamos para dormirla, aunque los turnos eran desequilibrados, tres días yo, uno él, se excusaba con que al día siguiente iba estar muy ocupado con sus reuniones de empleado de telefónica, como si yo no tuviera que aguantar a la clientela que viene al Banco cada mañana con un humor de perros porque debe la luz, el agua y hasta el aire que respira.

Desde que me he divorciado me toca el suplicio del sueño a mi sola, excepto los fines de semana alternos que  se va con su padre, entonces yo aprovecho para dormir a pierna suelta. Siguiendo las instrucciones del último psicólogo entendido, primero le leo tres cuentos, luego me invento otro y después le hago un ejercicio de relajación, ella  cierra los ojos y se imagine que vienen los Reyes Magos de oriente cargados de muñecas. Cuando creo que está dormida, le doy un beso en la frente y salgo de puntillas del dormitorio, pero  aún no he llegado al pasillo y oigo “ Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaa” . Entonces me dice que le cuente otro cuento, que el último ha sido muy corto y yo maldigo a los cuentos, a los psicólogos, a los Reyes Magos de Oriente y hasta  a los de Occidente.

Recuerdo cuando aún vivía como mi ex,  Sara tendría unos cinco años, se despertaba cada noche sobre las tres de la madrugada y  le costaba una eternidad  volver a coger el sueño, yo le cantaba canciones de los payasos de la tele de mi época, y no se dormía ni con la de “mi barba tiene tres pelos”, Un  día decidí que cuando se despertara de madrugada, dejaría que durmiera en nuestra cama, y dio resultado porque conciliaba el sueño abrazada a su muñeca china preferida. Fue una época que de sexo ni hablábamos, pero al menos dormíamos los tres un rato.

Pero cometí el error de mi vida, cuando a la siguiente visita con el pediatra se me ocurrió contarle que la niña se metía cada noche en nuestra cama, por poco acabamos en el juzgado de guardia.  Nos vino a decir  que éramos unos padres muy  tontos y que si seguíamos durmiendo los tres juntos le íbamos a causar  un trauma y de  mayor  sería infeliz, insegura y dependiente. Si le llego a contar que también dormía con nosotros la muñeca china, acabamos  en Alcalá Meco.

Total que para evitar futuros traumas, a la siguiente noche nos propusimos seguir los consejos del pediatra y cuando se despertó de madrugada, y se metió en nuestra cama, le dijimos que ya era mayor  y que tenía que dormir sola. La cogí de la mano, la llevé a su dormitorio y la acosté. Le di un beso en la frente y cuando ya me acurrucaba otra vez en mi almohada, apareció agarrada a su muñeca china y se metió entre nuestras sábanas. Le volvimos a contar la cantinela de que ya era mayor, que tenía que dormir sola, pero ella nos miraba con cara de no querer entender ni una palabra, por lo que no tardo ni tres minutos en volver a las andadas. Así repetimos las idas y venidas, hasta cinco veces. A la sexta siguiendo las indicaciones al pie de la letra del entendido pediatra, cerramos la puerta de nuestro dormitorio, y como no tenía cerrojo, empotramos la cama contra la puerta para impedir que  entrara  y tuviera de mayor un trauma . La niña primero gritó :“ Mamaaaaaaaaaaaa, abreee”. Al ver que yo no reaccionaba gritó : “ Papaaaaaa abre”. Como él tampoco contestaba, comenzó a dar patadas en la puerta, mientras berreaba :“ Abriiiiiiir, no puedo dormir, no puedooooo dormiiiiiir, me da miedo dormir solaaaaaa. Así se pasó más de una hora , yo me tapaba los oídos para no oír su llanto  y el padre despotricaba del pediatra. De pronto dejó de llorar y se hizo el silencio, por un momento pensé que se había desmayado del cansancio, pero al minuto se oyó un estruendo seco. Dimos un salto los dos de la cama, y al abrir la puerta nos encontramos a la niña del exorcista, que armada con la escalera de la litera, intentaba derribar la puerta golpeándose como un pollo sin cabeza.

A la mañana siguiente la vecina del quinto me miraba muy rara, y un día se le escapó a la portera que le había contado, que si volvía a oír gritos de madrugada nos denunciaría a los Mossos de Escuadra. La niña del exorcista nos ganó aquella noche la batalla, y a la siguiente visita con el pediatra le mentí como una bellaca, porque continuó durmiendo con nosotros abrazada a su muñeca china preferida. A los pocos meses su padre y yo  nos divorciamos, quizás porque había demasiada gente en nuestra cama.

Aunque tal vez nos divorciamos porque mi ex marido siempre fue  un  mezquino. Ahora me arrepiento de no haberle cortado la cabeza con el cuchillo jamonero que le regalé un día para su cumpleaños, porque el muy cabronazo se cortaba jamón ibérico del bueno para él solo, y a mí me dejaba el envasado de Mercadona. Me arrepiento también de no haberle clavado el cuchillo jamonero hasta el fondo del estómago, el día en que me dijo que si le dejaba de dar la teta a Sara era mi problema y que la leche de la farmacia a iba a pagar yo entera de mi cuenta corriente porque él ya pagaba los pañales.

Desde que nos hemos divorciado he conseguido que Sara duerma sola, pero hay días que son la una de la madrugada y todavía estoy dale que te pego con los cuentos . Cuando por fin  ella se duerme, yo me desvelo y me pongo a jugar al Apalabrados para ver si me entra el sueño, pero como soy muy competitiva a veces se me hacen las tres de la madrugada, Llevo unos dos meses jugando con un tipo que es muy bueno, hemos jugado cincuenta partidas y la cosa está muy reñida, no sé ni cómo se llama pero de palabras sabe ciento veinte huevos,

Acaba de poner la palabra “Cariñoso”, ha hecho treinta puntos. Yo le pongo “ Coqueta “que son once puntos . Ya quedan solo nueve fichas para que  acabe la partida y me gane por diez puntos. Entonces me escribe por el chat, supongo que para despistarme. Me pregunta si trabajo de periodista o de profesora de lengua, porque soy muy rápida con las palabras. Yo me invento que trabajo de diseñadora de moda. De repente,  taconazo, taconazo, taconazo  y la vecina de arriba grita “ Putaaaaaaa asesinaaaaa””. Yo hago como si no oyera nada  y sigo con el apalabrados. El tipo escribe   que se llama Alfonso, que es empleado de telefónica y que le encanta el jamón ibérico.  Yo Pongo la palabra “Cabronazo”,  me hago cien puntos y le gano  la partida de paliza.

 

 

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1 comentario en “CABRONAZO”

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